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30 de marzo de 2004

Naufragio de Pedro Serrano en el Caribe

La isla Serrana que está en el viaje de Cartagena a La Habana se llamó así por el español, llamado Pedro Serrano, cuyo navío se perdió cerca de ella y él sólo escapó nadando, que era grandísimo nadador, y llegó a aquella isla, que es despoblada, inhabitable, sin agua ni leña, ni aún yerba que poder pacer, ni otra cosa alguna con que entretener la vida. Así pasó la primera noche, llorando su desventura. Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada, halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa.

Viéndose Pedro Serrano con bastante recaudo para comer y beber, le pareció que si pudiese sacar fuego para siquiera asar la comida y hacer ahumadas cuando viese pasar algún navío, que no le faltaría nada. Con esta imaginación dio en buscar un par de guijarros que le sirviesen de pedernal, porque del cuchillo pensaba hacer eslabón, para lo cual no hallándolos en la isla, porque toda ella estaba cubierta de arena muerta, entraba en la mar nadando y se zambullía. Y tanto porfió en su trabajo que halló guijarros y sacó los que pudo; y viendo que sacaba fuego, hizo hilas de un pedazo de la camisa, muy desmenuzadas, que le sirvieron de yesca. Y para que los aguaceros no se lo apagasen hizo una choza de las mayores conchas que tenía de las tortugas que había muerto, y con grandísima vigilancia cebaba el fuego porque no se le fuese de las manos.

Dentro de dos meses, y aún antes, se vio como nació, porque con las muchas aguas, calor y humedad de la región se le pudrió la poca ropa que tenía. El sol con su gran calor le fatigaba mucho, porque ni tenía ropa con que defenderse y había sombra a que ponerse. Cuando se veía muy fatigado se entraba en el agua para cubrirse con ella. Con este cuidado vivió tres años, y en este tiempo vio pasar algunos navíos; mas aunque hacía él su ahumada, que en el mar es señal de gente perdida, los barcos no la veían, y se pasaban de largo, de lo cual Pedro Serrano quedaba tan desconsolado que tomara por partido morirse y acabar ya.

Al cabo de los tres años, una tarde, sin pensarlo, vio Pedro Serrano un hombre en su isla, que la noche antes se había perdido en los bajíos de ella y se había sustentado en una tabla del navío. Cuando se vieron ambos, no se puede certificar cuál quedó más asombrado de cuál. Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación. El huésped entendió que Serrano era el demonio en su propia figura, según lo vio cubierto de cabellera, barbas y pelaje. Cada uno huyó del otro, y Pedro Serrano fue diciendo: ¡Jesús, líbrame del demonio! Oyendo esto, se aseguró el otro, y volviendo a él le dijo: "No huyáis, hermano, de mí, que soy cristiano como vos"; y para que se certificase, dijo a voces el Credo.

Durante otros cuatro años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sin morir. Al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España. Pedro Serrano llegó acá y pasó a Alemania, donde el emperador estaba entonces; llevó su pelaje como lo traía para que fuese prueba de su naufragio y de lo que en él había pasado. Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos.

Comentarios reales, Garcilaso de la Vega "el Inca" (1539-1616).

28 de marzo de 2004

No tienes por qué unir esas palabras...

Hay adjetivos, verbos, sustantivos, adverbios, artículos, preposiciones, conjunciones, nexos, sintagmas fijos que no son compatibles entre sí. Aunque todos sean compatibles entre sí. ¡No todo es poesía!

Cuando dos palabras hacen un pacto que ante ti, ante mí y ante él puede ser deleitosamente leído y habitado, entonces nos damos cuenta de que Roman Jakobson tenía razón. Pero si algo falla aquí, no entendemos como coloquialmente se dice: ni maiz (nada).

Así que si quieres decir algo y sabes cómo decirlo, no le des vueltas al asunto. Y sí te hacen falta referentes, biografías y/o múltiples explicaciones, leer no te hace mal sino que agranda tu visión del mundo, al menos la hace más flexible y no tan cerrada.

Los gestos también hablan. Al igual que el contacto físico.

Así que no me hablen de altas mancuernas impregnadas de pescaderas teclas soñadoras, en la noche clara... o cosas así.

En medio de la guerra, el poeta no puede hablar de palomas

Cuando era niño, la poesía me parecía que era para personas ególatras o indiferentes hacia la sociedad. Que nada más escribían por placer irracional (claro que hay placer racional) y que eran sujetos inadaptados. Actualmente las cosas han cambiado... creo que en la infancia había otro tipo de poesía.

Lo que está fuera de cuadro no lo está realmente. Una cosa es ver lo que te apatece ver, escuchar lo que te conviene escuchar y girar tu cuello y cuerpo cuando no deseas ver cosas desagradables que son reales. Lo más sencillo es esperar a que alguien más resuelva las cosas que no funcionan correctamente y tú te vayas a escoger la vida (choose life).

Puede haber particularidades bajo un sistema pero hasta estas cuestiones se rigen conforme a las reglas de redes semióticas.

El poeta no tiene poderes sobrenaturales, el poeta se vale de la palabra y su imaginación para rechazar la realidad del sistema. Cuando ve que las personas de su entorno se acostumbran a la pereza espíritual y material, busca los medios (el texto) para rechazar estas situaciones.

Cuando te leo o me lees, me escuchas o te escucho y hasta cuando nos atrevemos a escucharlo a él y se produce un enlace racional de entendimiento aunque sea bajo esa techumbre áspera y espesa, se conduce al significado.
En medio de la guerra, el poeta no puede hablar de palomas.Jesús Rodríguez Gurrola.

24 de marzo de 2004

Narraciones incoherentes sobre personas extrañas (antes del cine)

Hoy me volví a rayar la mano. Sé muy bien en el primer baño que tome no se borrarán las letras tan fácilmente, tendrá que pasar otro día.

La XIX Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara va como viento en popa. Hoy vi las películas Ojos que no ven y Mi casa es tu casa, esta última un documental que habla sobre la posibilidad de abrir las puertas al extranjero con confianza y respeto, de recordar que somos personas en cualquier parte del mundo.

El título de esta entrada se refiere a las historias que eran contadas oralmente antes de la llegada de la modernidad del cine. Como caso específico Don Quijote. La frase fue pronunciada por la profesora de la materia Joanna Z.

A mí me gustó la frase.

15 de marzo de 2004

Rostros por las calles

Hace no más de cinco minutos descendía del camión pensando en escribir esto. Aunque no tenía una idea clara de cómo comenzaría escribir esta entrada, ya que es una idea íntima, común pero oculta, que debe ser adaptada ante las obtusas miradas ajenas.

Una cabellera rosada de no más de 25 años, con un diamante (o eso parecía) incrustado en el costado izquierdo de su nariz con ojos castaños y cutis alba me dijo sin hablarme su melancolía. Y pensé en sus momentos de social intimidad o en su presente cautiverio humano.

Veo rostros por las calles. He visto muchos. Algunos pasan desapercibidos en su silencio. Otros sobresalen, aclaman resolver un misterio no solicitado. Rostros que mutan dependiendo del espacio/tiempo, circunstacia. Rostros que alternan actos entre un personaje y otro, caras y gestos inducidos o espontáneos.

He visto móviles discursos contra el pasivo viento. Son los que más me sorpreden. Los más auténticos y originales. Pero si afirmo esto despreciaría a los demás rostros que también son auténticos en la urbe, cuando caminan solitarios.

Gente que ríe sola, personas con la mirada al cielo, sujetos que elevan la indiferencia al suelo. Los auténticos rostros que muchas veces sólo comulgan en la polis (lugar creado en la antiguedad para convivir entre ciudadanos) que rehúsan ser mostrados en la otra intimidad. Rostros que imaginan o sueñan, que no digieren la realidad. Rostros auténticos que aprendieron a alterarse en máscaras despreciables.

Rostros, bellos rostros, lúcidos rostros, tristes rostros, rostros varios, máscaras alegres, máscaras ingenuas, caretas, antifaces, velos, disfraces, nada.

Pero ella no lo necesitaba. Su rostro hablaba y decía, ahora lejanas, señales auténticas que me motivan a escribir. Y no sé si mis ojos tendrán gafas parapéticas o mi voluntad flutcúe, entre la verdad, entre la nada.

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