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19 de enero de 2014

Perdón

Las relaciones humanas están irremediablemente atadas a periodos de plenitud y otros menos afortunados. A veces, nos equivocamos y por decisiones abruptas, irracionales, que vienen del miedo, herimos a otros, pero nos herimos a nosotros mismos también. Querer negar esto sería estar ciego. Pero entonces, ¿cuál es la mejor forma de convivir? Sabiendo, que un día u otro vas a equivocarte y generar dolor.

Si respondemos a esta pregunta desde la negación, yo diría que una cosa que no resolvería esto es quedarse sin hacer nada. No actuar para no generar dolor. Actuamos inevitablemente y si aceptamos que vamos a equivocarnos, entonces lo que habría que mirar es cómo afrontar las consecuencias de nuestros actos desafortunados. Pienso que hay tiempos invisibles donde nuestras contraacciones o contraataques aminoran y nos recuerdan que estamos frente a otros seres humanos que están luchando sus batallas internas y externas que requieren paciencia, valor, coraje, alegría y perdón.

Hay una pequeña victoria en el perdón, porque recuerda que aunque el río siempre lleve agua, así las acciones de los humanos llevarán errores, pero la victoria estará en saber afrontarlos, con amor y compasión. Hasta hacia uno mismo.

13 de julio de 2010

Eso que tú tienes

Eso qué tú tienes se llama ensimismamiento. Eso. Que pasas demasiado tiempo contigo mism@. Siempre dándole vueltas al asunto. A qué hubiera pasado si "yo esto o si esto otro". O dónde estarías ahora si esa persona (que cada vez aparece menos en tus sueños) no hubiera hecho tal o cual "traición". ¡Dejate de pavadas bolud@! La única traición aquí es la tuya con el mundo. Eres tú quién le pone fronteras y límites a su territorio. No te permites avanzar y cruzar las bardas, las minas, los alambres y ejambres que tú mism@ plantaste. ¡Pero claro! Es mejor la seguridad de la esquizofrenia contra la incertidumbre de la libertad plena. Pasas mucho tiempo pensado en ti y nada más que en ti. Y no es que exagere. Se te nota. Y no me vengas con la típica chingadera de que si tú no pienas en ti mism@ nadie más lo hará, porque esa es la respuesta más egocéntrica que jamás se haya escuchado sobre la faz de tu trasero. ¡Mejor ponte a menearlo! ¡Invita a bailar a alguien! Esta vida que ahora, en este momentos, en estos días te parece irremediable, tiene más puertas y ventanas de las que tú mism@ piensas. Y no faltaba más, jugar a ser la víctima suele traer miraditas de compasión y de simpatía. Pero las verdaderas vícticas huyen de esas miradas, se resignan a la lástima... Eso que tú tienes se llama berrinche onanista, capricho pseudoexistencialista, condescendencia a tu falta de ejercicio individual y social. Cosa que una buena cogida de vida te quita.

28 de septiembre de 2009

Emparentando con Jung

Dice Jung que en el inconsciente cargamos con arquetipos del sexo opuesto. El ánima en el caso de los hombres. No me quiero meter en aspectos de la diversidad sexual porque entonces ya no sabría muy bien cómo explicar esta teoría. Bueno, digamos que dentro de nuestro incosciente cargamos con un arquetipo de la mujer presente en nuestras fantasías.

Por un lado, las explicaciones sicológicas de la realidad siempre me han parecido meras guías, símbolos al igual que muchos otras teorías de orientación científica. Bueno, quiero decir que la vida es y será siempre fresca y cuando un aparato crítico, un método y en el peor de los casos un esquema la define, entonces ya no es vida sino verborrea paralítica. Sin embargo, cuando las palabras nos señalan una dirección que sentimos con nuestro ser mismo, entonces tenemos una orientación no vana. Es la angustia de la letra, el hecho de que utilice el mismo medio para comunicar algo. Tengo al derecho al menos de estar de acuerdo con esto o de no estarlo. Incluso yo, cuando lo vuelva a leer.

Por eso llamaré a esto comentarios. Comentarios sobre una teoría de Jung. Si acepto temporalmente lo que dice Jung, entonces me permitiré hacer las siguientes reflexiones:

Si en nuestros genes, existe tal cosa como un espacio para la memoria histórica donde podemos albergar arquetipos humanos, entonces cabría analizar hasta qué punto podemos confiar en ellos mismos. ¿Cómo saberlo? A través de la experiencia. Aunque por un lado nos situamos en un lado ambiguo.

Podríamos creer que ya todo está determinado en el momento mismo de nuestra concepción. Nuestro futuro status social, posición económica, grado de moralidad, adquisición de cualidades, defectos, miedos y fobias por herencia. Pero yo creo que decidir por esto es conformarse con un reactivo en la hoja de respuestas. Admitamos que nacemos bajo un contexto muy claro y que ante cada circunstancia que nos presenta la vida, barajamos una mínima cantidad de posibilidades. Una mente determinista, consciente o inconscientemente actuará conforme a su natural forma de ser. Ha ensayado tanto su vida que ha optado por la respuesta que todos ven como lógica. Aún así, hay siempre un margen de reactivos por el cual decidirse. Y aquí empieza lo más interesante. Quizás los reactivos no son tan poquitos.

La angustia nace quizá ante las enormes posibilidades que tenemos todos los días. La angustia nace ante el sometimiento del ser a una máscara que se proyecta por encima de las otras formas del ser. Quizás a veces no es angustia, a veces será comodidad y otras veces será una correcta forma de proceder. ¿Depende de la situación no? Bueno, podría hacer ahora mismo toda una teoría que seguramente alguien ya explicó anteriormente y mucho mejor que yo. Lo que quiero es contextualizar lo que estoy a punto de decir. Definitivamente no podré resolver ningún hilo negro después de haber escrito este post, pero sí me sentiré mejor respecto a algo.

La verdad es que yo nada más estaba pensando en que si lo que queda de las mujeres que he amado en mí, podrá mezclarse en una sola sustancia llamada mujer real que combate eternamente con la mujer ideal, la que estaba antes que ellas. Pero aún más, ¿cómo saber si esa mujer ideal no es en realidad una creación a partir de las mujeres que conocí desde mi nacimiento hasta mi adolescencia y/o juventud? Porque en ese caso, esa mujer ideal estaría también conformada por las mujeres reales que he amado. O de las que he tenido contacto profundo, quizás no en un sentido romántico. ¿Pero hasta que punto lo ideal es real? Platón dice que lo ideal no existe sin lo real, pero existe ante. No sé, pero en definitiva y de forma categórica puedo afirmar, que lo que más me gusta cuando amo es que doy todo. Y que de dar todo se aprende para cada vez dar mejor. Tampoco puedo decir que esto se pueda repetir muchas veces en la vida porque amar de esta manera también duele, pero mientras se ama la vida, también se aprende a vivir mejor. ¿Cómo hacer que un ser de carne y hueso empate con un ideal? No somos hijos de dioses, somos humanos. Y eso mis amigos, me hace compasivo y al mismo tiempo responsable. O me hizo. Arrieros somos y en camino andamos. Me hace querer ser mejor persona. Hay ideas que en el transcurso de los años he desechado, otras que he aprendido y algunas cuantas han perdurado, madurado o me han hecho llorar.

Lo que creo pues, es que esta mujer que quiero, que amo, que espero, sepa también saber amar.

26 de septiembre de 2009

El idealismo salvó al mundo

Hubo un momento en la historia de la humanidad en que la existencia del hombre llegó a ser concebida con tal escepticismo y tal relativismo (Protágoras), que un filósofo de la talla de Platón haría fuertes críticas contra este tipo de pensamiento. ¿Cómo lo manifestó? A través del idealismo.

El término 'idealismo' es bastante común para referirse a las ideas platónicas y neoplatónicas. Sin embargo, desde la perspectiva de la teoría de los universales , los filósofos de inspiración platónica son en rigor, 'realistas' por tanto las ideas poseen una existencia 'real'.

Platón uso el término 'idea' para designar la forma de una realidad 'eterna' e 'inmutable'. Y en este sentido, la idea es el 'espectáculo' ideal de una cosa. Así, concebirá con frecuencia que las ideas son modelos de las cosas o también las cosas mismas en su estado de perfección. Por ello la idea no puede aprehenderse sensiblemente sino que su visibilidad depende de la mirada interior. En consecuencia, Platón irá reduciendo las ideas a objetos matemáticos y a ciertas cualidades como la bondad y la belleza. Más tarde, Aristóteles negará que las ideas puedieran tener una existencia independiente de la realidad sensible.

De este modo, Aristóteles viene a poner el contrapeso para nivelar lo que él pensaba una desmedida confianza por parte de Platón en la metafísica, o el mundo de las ideas. Lo que me sorprende es que muchas teorías filosóficas son creadas en un momento histórico particular necesario. Digo, cuando Tales de Mileto comenzó a razonar y dejar de explicar el mundo a través de los mitos era porque posiblemente, desde mi perspectiva, en ese momento histórico los mitos no eran suficientes para explicar la realidad. Y así continúa el pensamiento del hombre sin llegar a una conclusión que explique la realidad de manera contundente, como si el relativismo y el racionalismo absoluto constantemente se tocaran formando tramas, recabando cicatrices y remedios.

Pues yo diría que me gusta el idealismo que se sienta a pensar, que habla con la mente pero que escucha con el corazón. Para entender el mundo, para vivirlo... y aún así, a veces...

4 de septiembre de 2009

De la angustia (o de Bataille)

¿No se asombraron ustedes, en las estelas áticas,
de la prudencia de los gestos humanos?
Rainer Maria Rilke

Tocar el tema de la angustia así tan secamente no es cosa fácil. Después de leer el blog de Noelle me puse a reflexionar un poco más sobre esto. Yo llego aquí con sentencias que he ido elaborando, pero que no voy a argumentar por el momento. En un principio, creo que meditar profundamente sobre la angustia es ya una enfermedad en sí. Y por favor, que se note que subrayo la palabra profundamente. No obstante, hay que conocerla. Deliberarla. Pero no quiero sonar profesor, si en estas cosas soy un simple novato. No en la angustia, sino en el acto de escribir sobre ella.

En el siglo XX y el comienzo de XXI no se ha parado de pintar, filmar, cantar, esculpir o ensayar sobre ella. Pero, ¿podemos considerar la angustia como un mal? ¿Todas estas obras con finales terribles pueden construir algún bien? La victoria de la angustia a mi parecer, sería llegar a una conclusión.

Desde el ascendente impulso de la Ciencia en el XVII, la angustia ha repuntado también en todas las esferas humanas. La luz que la verdad científica expandía de manera colosal, iluminando rincones del espíritu humano hastante entonces nunca vistos. La realidad fue -nuevamente- vista desde otra perspectiva. Una perspectiva que se volvió unilateral, al igual que su predecesora: la Edad Media. Sin embargo, con mecanismos muy distintos para encontrar la verdad. Nuestra civilización ha progresado de tal modo que se nos presentan las bondandes del presente a nuestro alcance, aparentemente.


Sin duda pienso que vivimos en la mejor época que la Humanidad haya experimentado hasta hoy. Por favor léase como un comentario pesimista. Y además, como un ejemplo perfecto para analizar la angustia. Si ya superamos la esclavitud institucional, la Santa Inquisición, la intolerancia, la pobreza, el sexismo, los homicidios, el imperialismo... pero, si estos males no han terminado realmente... ¿En dónde estamos parados?

¿Cómo mantener el corazón abierto, joven, amoroso, sin caer en la ingenuidad o la ceguera? ¿De qué manera nuestras vidas pueden poner alto a males generalizados? ¿Cómo? Conociendo el mal a través de la literatura y saber hacerle frente al abismo.

11 de febrero de 2009

La continuidad

Uno de las paradojas fundamentales de los diarios en línea es que uno como escritor considera siempre el factor "lectores" en cada entrada. Por más íntimos que queramos ser, por más abiertos y neutrales, la interacción con el papel no es la misma que al escribir en un cuaderno que es sólo para ti. Son como las partículas microscópicas que al ser vistas por los ojos de los científicos cambian su estructura y cuando no son vistas, cambian a otro estado.

Mis experiencias en estos últimos meses no las he registrado aquí porque en un sentido, no tienen incumbencia con el mundo onírico e ideal que pretende ser -alguanas veces- este diario. Quiero decir que estoy ahora más en el ámbito de los sueños que luchan por emerger a la realidad, que combaten y con su inercia intentan sobrevivir en otro espacio distinto al que fueron gestados.

La contradicción es que una vez que los sueños buscan existir en la realidad, el mundo donde antes habitaban se queda vacío, y la interacción de los sueños con la realidad provoca una realidad diferente que al mismo tiempo siembra la semilla de nuevos sueños para el futuro...

Cuando duermo, hay sueños que me frecuentan o se repiten desde años atrás. A veces no es el mismo sueño en sí, tan sólo el escenario o la continuación del sueño, como si fuese una serie de sueños que tiene por intención transmitirse hasta el fin de mis días...

Me parece una mentira creer que la vida es incontinua, si el cuerpo en sí mismo tiene millones de operaciones y manifestaciones de experiencias que se repiten día con día. Hambre, fatiga, sueño, sed, reposo... Que en sí mismos son incontinuos, pero que se repiten una y otra vez. He ahí la continuidad.

24 de junio de 2008

Realismo feliz

La razón obra con lentitud, y con tantas miras, sobre tantos principios, que a cada momento se adormece o extravía. La pasión obra en un instante.
Blaise Pascal
No se puede ir por el mundo diciendo que todo es bonito. ¡Yo no puedo! Me niego a causar tal impresión. Dejo eso para los optimistas. Yo, en cambio, soy de los felices.

No me acuerdo en cuál película que acabo de ver, alguien explicó el milagro de los panes y los peces de una manera extraordinaria. ¡Ah sí! Fue en Millions de Danny Boyle. En esta película, un niño habla con ángeles, al estilo Rilke. Sólo que los ángeles se le presentan desenfadados, casi irreverentes. Bueno, San Pedro le explica al niño el "milagro" de los peces. Al parecer, un día que Jesús predicaba en la montaña ante miles, un niño amigo de Jesús se acercó para compartir pescados que traía del mar. Al parecer estos pescados ya estaban pasados, por lo que cuando Jesús pasó la canasta con el alimento, nadie tomaba ningún pescado, sino que fingían hacerlo para no ofender al maestro, pero en realidad sacaban comida entre sus pertenencias. Cuando la canasta dio la vuelta completa, quedaban los mismos pescados, lo cual Jesús no se explicó, y lo llamó un milagro...

Al unir esto con la película La última tentación de Cristo o el fragmento llamado El gran inquisidor de Los hermanos Karamazov, me queda muy clara la figura humana de Jesús.

Que les cause extrañeza y pesadez entonces a los optimistas, el misterio. Me permito yo un realismo feliz.

16 de mayo de 2008

Conflicto serio

Qué poco me interesa tu diario cuando se vuelve descriptivo. Informativo. Periodístico. Hace rutina, hace frío, hace décadas que aburre. ¡Mejor busca! Escarba. La superficie es inocua. Irremediablemente sin conflicto, no hay drama. Y expresar que en este mundo no hay tal cosa, es confortarse, conformarse, consagrarse a la trivialidad. Si no vas a decir nada que valga la pena, mejor quédate callado. Sé exigente con tus ideas, contigo mismo. Al mismo tiempo que eres flexible con los demás.

Porque, digo, ¡es un diario, un cuaderno íntimo! Diálogo. Es la necesidad de plasmar y registrar esencia. Al mismo tiempo es un blog abierto al mundo. Hilo conductor, engranaje personal. Puente que une mi ventana con otras tantas ventanas contempóraneas. Volutas ideas de humo que envío al más allá, dentro de la realidad. La utopía tiene voces. Pero si sólo vas a repetir el mismo y monótono eco que salpica los coches, a ser cómplice de oficinas, de las rutas de camión, de las aceras y los desayunos de café para poner al tanto a las amigas, no entres más en este andamiaje de sueños. No contamines con tal pesimismo el optimismo del mundo onírico. Además, ¿quién dijo que el mundo de los sueños es autocomplaciente? ¡Si has de ponerte las más altas metas, es porque has de conocer los más bajos defectos! ¿No estamos pues, en este mundo para corregirlos? ¿Para aumentar y alcanzar los resortes primogenios, los que no nos pertenecen, los que muy dentro de nosotros nos comunican la belleza -qué fácil es- al verla, la esperanza, el ideal que te lleva más allá de la inmediata sonrisa inmediata?

El conflicto es un ir y venir. Es resplandecer. Es guardar silencio. Callar al absurdismo. Encerrar al nihilismo en una jaula. Desechar por todos los medios a los espectadores que gozan de la violencia, de la ineficiencia, de la ineptitud, de la cobardía del cuerpo. El alma ha de impedirlos, ¡pero los escucha para sanearlos! ¿Qué no lo sientes? Luego grita aterrorizada cada vez que caen. Y aún así, después de tanto error, de tanta clara y esplendorsa combustión del espíritu, de la bofetada infame al hermano, del agravio a todo eucalipto, luego de todas las sinrazones a los oráculos del horizonte, humilde, pone su más sólido peldaño en la piel de la actitud, la instancia de la letra. Asumen sus relaciones con amor. Antídoto de todo lo sufrible. Validación de la existencia. Adorando con paciencia, cada milímetro de tu conflicto.

4 de febrero de 2008

Una de las grandes utopías de nuestro siglo: el inconsciente

Fabrice Zimmer: Acaba usted de hacer en cierta manera la arqueología de la noción actual de utopía Pero, hoy, para retomar sus palabras, ¿nos hallamos en presencia de un resurgimiento verdadero de dicha noción o de una constatación disimulada de su muerte, de un ritual de adiós?

Peter SLOTERDIJK: El nuevo discurso sobre la utopía me parece que refleja también un cambio importante que se ha producido en el interior de la comunidad psicoanalítica o de la que se interesa por la psicología llamada "de las profundidades": nos comenzamos a dar cuenta de que, finalmente, no es el inconsciente quien va a salvarnos. Ésta ha sido, en efecto, una de las grandes utopías de nuestro siglo, pensar que el descenso a los infiernos de nuestros deseos escondidos podría liberar un flujo de energías productivas que nos llevaría hacia un porvenir más claro. Pero, ahora, nos parece que más bien es necesario esforzarse por crearse un inconsciente a la altura de nuestras preguntas. Porque la banalidad de nuestro inconsciente es tan evidente y la esterilidad del tipo de sueños que gotean de él se ha vuelto tan obvia, que necesitamos recurrir a otro mecanismo psicológico anterior al psicoanálisis. A partir de entonces se piensa, remontando la evolución histórica, y se reencuentra la hipnosis. La utopía es, precisamente, esa función autohipnótica, a través de la cual el individuo moderno, y sobre todo el grupo moderno, reencuentra una motivación, una fuerza motivadora universal.

Entrevista completa a Peter Sloterdijk.

7 de enero de 2008

Apuntes breves sobre el homo sentimentalis

Muy bien dicho, Schlosser: se ama
lo propio; y si no se tiene
se apetece. El alma rica
ama, la pobre apetece.
F. Schiller

El destino debe estar sonriendo al ponerme dos libros que se contraponen hasta cierto punto y al mismo tiempo entreven a la sociedad europea del siglo XIX y XX, respectivamente. Estos dos libros son El rojo y el negro de Stendhal y La inmortalidad de Milan Kundera. El primero, precursor del realismo francés con tendecia romántica. El segundo, ¿qué es? Un crítico del aislamiento del ser humano contemporáneo, mezclado con un sentido del humor hiperreal al igual que melancólico.

Juan Sorel, el personaje principal de Stendhal, bien se puede comparar con el personaje Rubens de Kundera. En ellos podemos analizar la tesis que el escritor checo realiza sobre el homo sentimentalis. El hombre actual ama la idea del amor. Dice Kundera:

El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor el sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros sentimientos.

Y este sentimiento es casi indiferente al ser "amado". Porque si alguien siembra el amor en el corazón de otro, entonces en su corazón va creciendo el amor por ese alguien, "un amor inimitable, irreemplazable, destinado a quien lo sembró, a quien es amado y, por lo tanto, inencarnable. Un amor así puede ser definido como una relación: una relación privilegiada entre dos personas".

Pero el homo sentimentalis denomina "amor verdadero", no a un amor-relación, sino a un amor-sentimiento; "un fuego encendido por una mano celestial en el alma del hombre". Un amor así no sabe lo que es la infidelidad, porque, aunque cambie el objeto del amor, el amor en sí sigue siendo siempre la misma llama encendida por la misma mano celestial.

El homo sentimentalis imita el amor-sentimiento a placer. Al igual que un actor que sube al escenario frente todos los espectadores, genera la tristeza de un hombre abandonado y traicionado, por ejemplo. Y esto no quiere decir que él realmente no sienta esa tristeza. Pero nos deja pasmados porque acto seguido que termina la función, el actor vuelve a una inexplicable indiferencia.

Asi pues, ¿a cuántos y cuántas no encontramos en la vida cotidiana que se hacen llamar enamoradiz@s? ¿No es realmente la idea del amor y no la persona en sí en la que se siembra este amor inintercambiable? Agrega Kundera que Cervantes fue quien con mayor agudeza desenmascaró al homo sentimentalis. DonQuijote decide amar a cierta muchacha, llamada Dulcinea, a pesar de que casi no la conoce (lo cual no le sorprende a Kundera, porque cuando se trata del "amor verdadero", el amado importa poquísimo).

El sentimiento nace en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad, frecuentemente contra nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, de la misma manera que hace Don Quijote con Dulcinea) el sentimiento ya no es un sentimiento genuino, sino una imitación, su exhibición. A lo que señala Milan Kundera, se le denomia histeria y es por esto que el homo sentimentalis es lo mismo que el homo hystericus.

Comparando con Platón, éste dice que los caminos para llegar a conocer el bien son los siguientes:

* El grado más bajo en la escala del amor es el amor físico, que es el deseo de poseer el cuerpo bello con objeto de engendrar, en lo bello, otro cuerpo. Este amor físico ya es deseo de inmortalidad y de eternidad, "porque la generación, aunque sea una criatura mortal, es perennidad e inmortalidad".

* El amor espiritual. Posteriormente está el grado de los amantes que son fecundos no en sus cuerpos sino en sus almas, portadores de una simiente que nace y crece en la dimensión del espíritu. Entre los amantes pertenecientes a la dimensión del espíritu se hallan, en una escala progresivamente más elevada, los amantes de las almas, los amantes de las artes, los amantes de la justicia y de las leyes, los amantes de las ciencias puras.

* Finalmente, en la culminación de la escala del amor, se halla la visión fulgurante de la idea de lo Bello en sí, de lo absoluto.

Habría que ver pues, quién enciende el fuego de la belleza.

8 de noviembre de 2007

Sin producto no hay presencia


Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado.
André Gide

La esperanza es el sueño del hombre despierto.
Aristóteles

Después de las últimas entradas podría pensar que la contestación más sencilla que podría recibir es el conocido refrán que dice: cada uno habla de la feria según como le va en ella.

Hoy no tengo tanto tiempo ni energías nocturnas para escribir una entrada larga. Sólo quiero comentar la versión del amor platónico que yo siento. Primero quiero decir lo que no es: no es un esquema o modelo de una mujer que reúna tales o cuales características físicas. Aunque sí hay factores físicos que me gustan en ciertas mujeres, siempre ha sido para mí más importante la compatibilidad espiritual, por llamar así a los gustos, intereses, metas, maneras de resolver los problemas, formas de acercarse al misterio, actitudes, y la total y completa humanidad alegre, humorística, noble y sencilla en sí. Esto no intenta ser una nota publicable en el periódico en busca de respuestas. No. Es ver claro, finalmente. Es una respuesta provisional para mí. Porque creo también, en el carácter provisional de las definiciones. Incluso la buena salud del amor platónico debe incluir elementos contradictorios, incompletos, deseables. Y si estos deseos se materializan, conforme a la histórica pero debatiblemente activa voluntad del ser, guardaré silencio hasta que sea necesario restituirme, una vez más.

6 de noviembre de 2007

Acontecemos contra toda esperanza

A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar.
Franz Kafka

Bueno, la entrada de ayer ciertamente quedó incompleta. Sigo hablando sobre el amor. Aunque antes de todo, quiero aclarar algunos puntos que parecerán clichés pero considero medulares. No creo que todas las buenas relaciones interpersonales irremediablemente se transformen en una relación amorosa. Podemos llevarnos bien con una persona que nos guste, pero no necesariamente tiene que haber algo más que amistad. Hay amor en la amistad de por sí. Cuando hablo de otro nivel, como lo es el de una relación de pareja, aflora un elemento trascendental: la atracción que conlleva una pasión más grande.

Dos puntos más. ¿Por cuál comienzo? El diálogo es la avenida que conduce a la plaza mayor de la paz. Cerrarse al diálogo equivale a renunciar a la paz verdadera, que no consiste en la victoria, sino en el acuerdo provisional. Es verdad que todo lo que escribo hoy nace en un contexto determinado, yo no pensaba exactamente de esta manera hace cinco años, pero hay que tener en cuenta el fin que queremos alcanzar, de lo contrario todos los esfuerzos serían como agua que corre y se desperdicia.

No puedo pues olvidar el amor frágil y joven con el que soñaba cuando yo tenía 14 años. Como dice Antoine de Saint-Exupery: Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor. Vamos acumulando conocimiento para actuar de una mejor manera. O es lo que deberíamos hacer. Incluso se aplica con la misma pareja, el amor se va nutriendo, crece, y lo ideal sería contenerlo. Un esfuerzo total es una victoria completa, dijo un pensador y hacedor antes. Porque no sólo debemos contemplar, es debido hacer. Por eso el amor que conocí a los 14 años ha madurado, gracias raspones y a mimos se conserva sano.

Una buena salud no es puramente individual. Si creemos que con hacer ejercicio, comer bien, vivir despreocupadamente podemos manternos sanos estamos equivocados. Si vivimos en una sociedad enferma, estamos propensos a caer en el mismo malestar. Como seres sociales, necesitamos recibir afecto, pero si el que pretende darlo está malsano, el alimento contagiará malestares. Además para recibir hay que haber dado antes. Pongamos nombres a estas enfermedades: la ignorancia, el miedo, la injusticia. Podemos aprender de la historia de la humanidad, donde ya han habitado otros enfermos, otros imbéciles, otros humanos. La enfermedad hace agradable la salud; el hambre la saciedad; la fatiga el reposo, dijo el filósofo griego Heráclito de Efeso. Hay pues remedio, solución a cada pregunta, a cada enfermedad. Y no podemos aislarnos, convertirnos en ermitaños. En algunos países de "primer mundo" como Francia o Estados Unidos de América, este manera de vivir se ha vuelto corriente, no por esto también son países con los índices más altos de consumo en medicamentos psiquiátricos.

Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa.
Demócrito de Abdera

Acontecemos contra toda esperanza. Y en el rastro que he dejado en estas entradas, debería ya ser perceptible a quién quiero. Finalmente, quiero citar lo que busca el amor platónico, que no he detallado aquí antes y del cual pienso hablar mañana:

    ¿Por qué habíamos de renunciar a los amores más ideales, si podíamos vivir en ellos del mismo modo que se vive un sueño? Es que la ilusión es como la ambrosía: mantiene siempre encendido el deseo y la esperanza y ennoblece la vida. Si podemos idealizar la realidad en que vivimos, si cada uno puede tener para sí el más sublime y perfecto amor, ¿por qué íbamos a renunciar? Esa es la esencia del amor platónico: la disposición a idealizar al ser amado como encarnación del amor. Es la ilusión de tener cada Quijote su Dulcinea, y cada Dulcinea su Quijote. Pero con el prodigio añadido de que el amor no queda tan sólo en contemplación, sino que obra buena parte de los milagros que se forja. Cuando una Aldonza Lorenzo cualquiera sabe que es tenida por Dulcinea, se metamorfosea en Dulcinea. Y cuando un Alonso Quijano cualquiera se sabe visto como Quijote, es muy capaz de convertirse en tal. He ahí el embeleso, la virtud de infundir belleza. "Cuando tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos imprimían" y "ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste". Sin Platón no hubiésemos llegado hasta aquí.1

5 de noviembre de 2007

Desde los afectos

Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría.
Paul Claudel

Tengo tiempo y ánimos de continuar escribiendo sobre el mismo acontecer de ayer. Esclarecer ciertos puntos, profundizar en otros, permitir que fluya la consciencia.

Quería llevar a la práctica todo lo que dije antes, quizá comparando con ejemplos que me han pasado o que escucho. Por ejemplo, una película que me gusta un buen es Eternal sunshine for a spotless mind, por un lado es la clásica historia del tipo tímido y la mujer extrovertida que se enamoran (otros ejemplos: La ciencia del sueño, Punch-drunk love, Brazil, Amèlie, Grandes esperanzas, Notting Hill...); por otro lado, quiero citar lo que escribí sobre esta película en una de mis entradas anteriores:

De alguna manera la película quiere hacer una conciliación entre esos recuerdos especiales, los "malos", los inconclusos y el presente. Somos nuestros recuerdos y debemos estar mediados con nuestro pasado. Alguno de los clásico griegos dijo que la única vida que merece ser vivida es la que se reflexiona. Y estoy de acuerdo. Porque actuar de acuerdo a impulsos nos puede complicar las cosas y hacernos más difícil la conciliación propia.

Y no solo propia, también con el otro. Al final de la película aparece cíclico, repetitivo, como un síntoma patológico sin curación. Sin embargo el personaje de Kirsten Dunst es quien rompe con ese círculo, al enviar a todos los pacientes las notas de que han sido engañados, ella misma alejándose del doctor. Es un sabotaje a la enfermedad. Decidir y terminar.

Aunque es importante hacer caso a algo particularmente importante en este ámbito. No cabe duda que muchas personas sufren o viven relaciones tempestuosas. Podría decirse que se abren ante otra persona genuinamente, con la intención de querer y ser queridas. Pero, ¿es posible que se encuentren enfrente de otra persona que no quiera nada serio, incluso que solo quiera jugar con premeditación y alevosía con sus sentimientos? ¿Puede suceder eso en este mundo? La respuesta es variable, sí y no.

Por un lado hay hombres y mujeres que perjuran haber sido engañados ya tantas veces, que no vale la pena más buscar algo que no existe. Si una persona cae una y otra vez en el mismo error, ¿no es acaso porque no ha aprendido a llevar otra perspectiva sobre cómo relacionarse con las personas antes de dar el salto a una relación de pareja? Por otro lado hay gente que se arriesga a iniciar una relación de manera inexperta, digamos el caso de Joel y Clementine, que son dos personas con distintas personalidades, que aún así lo intentan pero terminan haciéndose daño. Y en este punto tengo que citar algo que ya había dicho Charlie Kauffman en otra película, Adaptation:

    Donald Kaufman: You are what you love, not what loves you.

Quizá para algunos es muy sencillo ser feliz si no tienen que arriesgar ciertos aspectos de su vida, si resguardan y creen coleccionar como si fuesen dulces en un frasco, las alegrías en esta vida. O como si eludir las penas fuera tan sencillo como ir a un consultorio y borrar a una persona. Aunque la amnesia existe, es verdad, se nutre de un montón de distractores artificiales que nos desvían del camino que nos propusimos recorrer en un principio. Un camino que no es lineal, sino infinito pero que inexorablemente debemos sintetizar para comprenderlo. Sólo por medio de la poesía, la música, la belleza podemos sentir el infinito. Entonces, ¿cómo evocar la belleza si decidimos olvidarla?

Seguiré escribiendo sobre todo esto en los próximos días. Hay tanto de qué hablar y tan pocos caminos para poder llegar a la verdadera meta.

Desde los afectos
por Mario Benedetti

¿ Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo ?
Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo,
Que nadie establece normas salvo la vida,
Que la vida sin ciertas normas pierde forma,
Que la forma no se pierde con abrirnos,
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente,
Que no está prohibido amar,
Que también se puede odiar,
Que el odio y el amor son afectos
Que la agresión porque sí hiere mucho,
Que las heridas se cierran,
Que las puertas no deben cerrarse,
Que la mayor puerta es el afecto,
Que los afectos nos definen,
Que definirse no es remar contra la corriente,
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja,
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,
Que negar palabras implica abrir distancias,
Que encontrarse es muy hermoso,
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida,
Que la vida parte del sexo,
Que el "por qué" de los niños tiene un porque,
Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad,
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana,
Que nunca está de más agradecer,
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,
Que nadie quiere estar solo,
Que para no estar solo hay que dar,
Que para dar debimos recibir antes,
Que para que nos den hay que saber también cómo pedir,
Que saber pedir no es regalarse,
Que regalarse es, en definitiva, no quererse,
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos,
Que para que alguien "sea" hay que ayudarlo,
Que ayudar es poder alentar y apoyar,
Que adular no es ayudar,
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara,
Que las cosas cara a cara son honestas,
Que nadie es honesto porque no roba,
Que el que roba no es ladrón por placer,
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo,
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,
Que se puede estar muerto en vida,
Que se siente con el cuerpo y la mente,
Que con los oídos se escucha,
Que cuesta ser sensible y no herirse,
Que herirse no es desangrarse,
Que para no ser heridos levantamos muros,
Que quien siembra muros no recoge nada,
Que casi todos somos albañiles de muros,
Que sería mejor construir puentes,
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve,
Que volver no implica retroceder,
Que retroceder también puede ser avanzar,
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol,
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?

4 de noviembre de 2007

Yo confieso


Yo, señor, soy de Segovia; 
mi padre se llamó Clemente Pablo,
 natural del mismo pueblo -Dios le tenga en el cielo. 
El buscón don Pablos, de Francisco de Quevedo

Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.
José Ortega y Gasset

Ya sé cómo rebasar esta dicha. En estos cinco años de registros personales me he vuelto receloso de ciertas cantidades de información íntima. Ha decir verdad, tengo otro cuaderno donde escribo (ahora mismo lo acabo de abrir y estoy releyendo) donde he puesto asuntos en apariencia más personales. ¿Pero no son en realidad estos asuntos que en apariencia llamados personales, una serie de aglomeraciones comunes entre las personas de las sociedades? Me parecería muy egoísta pensar que yo tengo pensamientos únicos, quizá una parte de mí lo ansía, quizá por eso la escritura, ese alejamiento creativo de realidad para mirar de lejos lo que está muy cerca.

El 4 de agosto de 2007 a las 02:02 am me preguntaba esto: ¿qué quiero? De tal manera que me interesa citar una parte del texto de mi cuaderno:

Me he vuelto más franco y personal en las charlas con mis amigos. (...)No creo, con la mente fría, que encontrar un latido fuerte en el camión o internet me demuestre o me lleve realmente a lo que quiero, con quien yo quiero, al genotipo de mi idealismo digamos.

Quiero a una con quien tenga una charla sin tanta bulla, más yo. Donde quizá pueda revelarle memorias mías pero también hablemos o actuemos acorde a nuestro presente y futuro lleno de cotidianidad. No quiero impresionar ni ser la respuesta. (...)Primero debo descubrir a una persona y luego pensar en el amor. No debo programarme para ser los brazos salvadores o el refugio de las desdichas, las cosas deben salir conforme a las circunstancias, sin premeditaciones, pero entonces ¿cómo accionar en una cita con alguien que me gusta? Porque alguien puede apreciarme día a día, pero alguien más quizá no, debo sintetizarme en cada cita y mostrarme foto.

Pero a decir verdad, toda esta escritura de pensamientos y posturas me parece incompleta. Imprecisa. Porque cada vez me resulta más fácil verme objetivamente. Aunque aún así, no pierdo la consciencia subjetiva. Es que encuentro el párrafo anterior casi como una fórmula de la espontaneidad, bonita paradoja. Y ahorita me estoy poniendo renuente a algo que una parte de mí quiere escribir y dejar plasmada aquí, con ciero escepticismo por otra parte mía. Puedo responder a la pregunta ¿quién soy y que quiero?

Me siento como cuando escribía mis primeras entradas aquí: incómodo, incierto, un tanto nervioso. Pero al mismo tiempo lleno de expectación, esperanza y optimismo. ¿Quién soy me pregunté? No se puede responder esta pregunta como si respondiera un formulario para soliticar un servicio, pero tampoco como una carta de presentación. Son muy formales. Es más bien como un comentario en el cual me sentiría alienado si declarara rasgos físicos o detalles geográficos. No. Yo respondería diciendo que cuando era niño a veces me daba pena andar con mi papá, porque tenía barba y el cabello largo y ondulado. Y los demás niños lo veían de forma extraña, de una manera que me avergonzaba, como si quisiera pasar desapercibido. Y hoy que pasó la misma situación, sonreí con el niño. Y sonreí con mi papá. Y le sonreí al niño que era yo, esperando que de alguna manera me escuchara decirle "¡Mira tu padre! No tienes por qué estar avergonzado, todo lo contrario carnalito. Llénate de orgullo, llénate de orgullo". Hablaría de esta manera para responder quién soy yo.

Luego diría que con mi mamá estuve disgustado porque cuando era un niño pequeño no me dejaba tener novia, que eso era para los grandes. Entonces yo estaba enojado porque los demás niños sí tenían sus novias y yo no, o al menos estaba fuera de mí repertorio de palabras preguntar ¿quieres ser mi novia? Estaba prohibido. Así me hice tímido. Solo hasta que crecí cambié, aprendí a ver, pedir, preguntar, tener la idea de a quien quiero. Porque esa es precisamente la cuestión, sé o creo conocer el genotipo de mi idealismo. Y estoy descubriendo en el transcurrir de mis relaciones amorosas adultas a palparlo, cada vez más de cerca con una nitidez tremenda. A identificar eso que yo recibí cuando niño: las muestras de amor, de mimos, de enseñanzas, de aprendizaje.

Pero esto no soy yo. Ni de lejos. No es ni un esbozo. Debería agregar cosas importantes como el afecto que recibí por todas partes. El idel de responsabilidad. La guía ejemplar de unos padres colaborativos, serviciales con su comunidad, sus familiares y con ellos mismos. Si me hablan de complejos psicológicos diría que éstos claramente no aplican en mis padres o que si ellos los tienen los han sabido conquistar, dominar de la manera más amable. De otra forma hubiesen sido incapaces de educarnos y mostrarnos que el amor ágape existe, de que la fraternidad humanista debe ser un objetivo en la vida, y que la mejor manera de enseñar el bien es con el propio ejemplo. Sea pues, yo no tengo nada que reprochar a mis papás.

Hace poco estaba hablando con una amiga sobre las cuestiones de compatibilidad en las parejas. Le dije que apenas un par de días antes había terminado con mi novia. No teníamos muchas cosas en común. Ella me comentó que se encontraba en una situación similar, seguramente terminaría con su novio, porque aunque lo quería y se llevaban bien en otras cosas discernían. Al final de cuentas, no vamos a encontrarnos con un alma gemela, pero vamos a convivir con alguien que quiera o busque objetivos y metas compartidas. Dicen que la única obligación que tenemos en esta vida es no ser imbécil. Fernando Savater menciona que hay varios tipos de imbéciles:

1. El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque.
2. El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez.
3. El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace está dictado por la opinión mayoritaria de los que le rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa.
4. El que sabe qué quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o poca fuerza. A fin de cuentas, termina siempre haciendo lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra más entonado.
5.El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo.

Las conductas imbéciles no tienen nada que ver con la libertd y las reflexiones propias, como bien se puede ver. Quería mostrar pues las "filosofías de vida" de muchos seres humanos en este planeta, que muchas veces nos encontramos día a día. El conflicto no me preocupa, lo que me importa es la manera de resolverlo. No quiero mostrar con toda esta larga entrada un estado emocional particular en este momento de mi vida, quiero más bien registrar un objetivo que cada vez se vislumbra más claro de conseguir. Lento pero seguro.

Uno de los conflictos que más me consterna es ese bagaje que otra persona, una mujer, una posible compañera pueda traer con sí. La creencia de que no es capaz de amar. Es algo totalmente opuesto a mi visión y misión de vida. Creo firmemente en la capacidad de amar a otra persona. La verdad es que no me gustan mucho las filosofías de vida que coleccionan fragmentos aislados, aunque no tenemos asegurado el mañana prefiero verlo todo como un solo conjunto relacionado. Hablo de la alegría, la felicidad cotidiana. Y dentro de esta visión del mundo opuesta a la mía, el principal conflicto sería encontrarme con alguien que no apostara por entregarse, porque crea que sus complejos personales, familiares, sus traumas y fobias son más fuertes que ella. Esto no me detendría para intentar mostrarle que no es así, que es probable creer. No es fácil, no hay éxito comprobabdo en esta empresa, pero no podemos abandonarnos a la suerte. Le pregunté a mi papá cuál era la diferencia entre la suerte, el azar y la providencia. Me dijo algo así como:

"Los imbéciles se dejan a las manos de la diosa suerte. El azar es la probabilidad de un evento en una serie de repeticiones. Y la providencia es dejarse en las manos de Dios."

Los antiguos griegos tenían una palabra para esto: hado. Fatum o hado era la divinidad o fuerza desconocida que se creía que gobernaba el destino de los hombres. Y creo que en todas estas definiciones hay diferencias abismales. En la suerte no hay aprendizaje, son un número de hechos que suceden por "buena" o "mala" suerte. No hay más explicación. Por eso no creo que haya suerte en el amor, ni en el trabajo, ni en la responsabilidad, ni en los proyectos de vida, ni en la Literatura, ni en la música, ni en nada.

Si debiera responder a la pregunta entonces de quién soy, tendría que hacer memoria mucha. Lo mismo si te lo pregunto a ti. A ella. Y a veces es más fácil verlo. Poder decir: puedo ver quién eres. La comunión más cercana a lo perfecto entre lo que pensamos y hacemos. ¿Qué quiero pues...?

Hay tanto que podría escribir esta noche. Me siento inspirado. Aunque también un tanto melancólico. Me duele pensar en todas las trabas que las personas se ponen para reconocerse en alguien más. Alguna vez escribí por aquí que debemos amar en cada oportunidad que se nos presente para hacerlo. Aún si con certeza o intuición la persona que se nos presenta enfrente nos grita qué para qué arriesgarse, para qué esforzarse por algo que no va a pasar, por algo que no es posible entre nosotros dos. La respuesta a esta cuestión no es a priori, no se puede dar por adelantado si no te esfuerzas. Porque también se presentan los casos contrarios, en que la necedad es tan grande, que una vez que se conocen y comprueban que no son el uno para el otro, insisten patológicamente hasta desgastarse mútuamente y terminar creyendo que el amor no existe y contagiando sus futuras relaciones de ese pesimismo por una mala experiencia. Hay que tener el valor de aprender de nuestros errores, de reconocer cuando alguien podría convivir con nosotros, de valorar nuestras emociones y nuestras metas, de perseguir nuestro ideales. Pero sobre todo, de acercanos con amor. Como dijo alguno de los escritores existencialistas de la mitad del siglo XX: Felicidad no es hacer lo que uno ama, sino amar lo que uno hace.

Se me presenta el mundo pues como la oportunidad de complementar con alguien más las cosas que amo y quiero compartir, que también deseo que me compartan. Y esto no debe verse con una seriedad estoica, sino con una compasión humanista. No como una individual voluntad de construir respuestas artificiales, como escribiría Baudelaire al final de sus Paraísos artificiales:

    Terminaré este artículo con algunas hermosas palabras que no son mías, sino de un notable filósofo poco conocido, Barbereau, teórico musical 94 y profesor del Conservatorio. Yo estaba cerca de él en una reunión donde algunas personas habían tomado el bienaventurado veneno, y me dijo entonces con acento de desprecio indecible: "No comprendo por qué el hombre racional y espiritual se sirve de medios artificiales para llegar a la beatitud poética, puesto que el entusiasmo y la voluntad bastan para elevar lo a una existencia supernatural. Los grandes poetas, los filósofos, los profetas, son seres que, por el puro y libre ejercicio de la voluntad, consiguen llegar a un estado en el que son a la vez causa y efecto, sujeto y objeto, hipnotizador y sonánibulo." Yo pienso exactamente lo mismo.

La constitución de un hombre es pues una diaria libertad al arbitrio. Socavar la infinita alegría que trae consigo el entendimiento entre dos personas, una pareja, amigos, un libro y un lector, es la peor forma de atentar contra el movimiento que nos lleva al acto, al reconocimiento. Pero para esto no necesitamos ser perfectos, tener una formación o un pasado excelso, excento de toda falla. Hubiese sido imposible levantarse si no hubiésemos caído. Caemos para aprender a levantarnos. Dijo Erasmos también en su Elogio de la locura:

    Nadie habría, en verdad, que no huyese, horrorizado, como de un monstruo o de un espectro, de un hombre tal, sordo a todos los sentimientos de la Naturaleza; de un hombre sin pasión alguna, a quien ni el amor ni la misericordia le hacen más mella que si fuese de pedernal o de roca de mármol; de un hombre a quien nada se le oculta y nunca se equivoca, sino que, como otro Linceo, todo lo descubre, todo lo pesa y mide con minuciosidad, y nada ignora; de un hombre que sólo está contento de sí mismo y que se cree el único fuerte, el único prudente, el único soberano, el único libre y, en una palabra, el único en todas las cosas, aunque sólo en su opinión; de un hombre que no convive con los amigos, porque no tiene ninguno; de un hombre, en fin, que no repararía en mandar ahorcar a los mismos dioses, y que todo cuanto ve hacer a los demás lo condena como extravagante y se ríe de ello. Tal es el bicho raro que los estoicos consideran como el prototipo del sabio.

    Decidme, pues: si se tratase de elegir, ¿qué nación elegiría un gobernante de este tipo, ni qué ejército lo designaría para general? Digo más: ¿qué mujer querría un marido semejante, qué huésped invitaría a tal convidado, qué criado tomaría un amo de esa catadura o sería capaz de soportarle? ¿Quién no ha de preferir a uno cualquiera de entre los más necios de la plebe, que, siendo necio, podrá mandar u obedecer a los necios, que será agradable para con sus semejantes, y la inmensa mayoría, complaciente con su mujer, alegre con sus amigos, atento con sus convidados, afable compañero, y, en fin, al que nada que sea humano le es ajeno?

Creo que la humanidad se encuentra en un estado a nivel del mar. No se ha recuperado todavía de esta caída, la ausencia de Dios dirían algunos, la abundante conformidad por el absurdo, por lo poquito. Aunque deberíamos escuchar a la Locura, que ya ha hablado. Quiero dar el testimonio de que el amor, a ciencia cierta existe. Paciencia y esperanza.

27 de septiembre de 2007

El conocimiento de la ignorancia

Karl Popper

Me doy cuenta, una vez más, de lo poco que sé, y ello me hace recordar la vieja historia que Sócrates contó por primera vez en su juicio. Uno de sus jóvenes amigos, un miembro del pueblo de nombre Querefon, había preguntado al dios Apolo en Delfos si existía alguien más sabio que Sócrates, y Apolo le había contestado que Sócrates era el más sabio de todos. Sócrates halló esta respuesta inesperada y misteriosa. Pero, después de varios experimentos y conversaciones con todo tipo de personas, creyó haber descubierto aquello que el dios había querido decir; por contraste de todos lo demás, él, Sócrates, se había dado cuenta de lo lejos que estaba de ser sabio, de que no sabía nada. Pero lo que el dios nos había querido decir a todos nosotros era que la sabiduría consistía en el conocimiento de nuestras limitaciones y, lo más importante de todo, en el conocimiento de nuestra propia ignorancia. Creo que Sócrates nos enseñó algo que es tan importante hoy en día como lo fue hace 2.400 años. Y creo que los intelectuales, incluso científicos, políticos y, especialmente aquellos que trabajan en los medios de comunicación, tienen hoy la imperiosa necesidad de aprender esta vieja lección que Sócrates trató en vano de enseñarnos.

¿Pero, es eso cierto? ¿No sabemos hoy, acaso, muchísimo más de lo que sabía Sócrates en su época? Sócrates tenía razón, debe admitirse, al ser consciente de su ignorancia: en efecto, él era ignorante sobre todo si lo comparamos con lo que sabemos hoy en día. Efectivamente, el reconocer su ignorancia fue un gesto de gran sabiduría por su parte. Pero hoy se dice que nuestros investigadores y científicos contemporáneos no son simples buscadores, sino también descubridores. Porque saben mucho: tanto que el gran volumen de nuestro conocimiento científico se ha convertido en un grave problema; los nuevos descubrimientos se publican a tal velocidad que es imposible que nadie pueda estar al día. ¿Podría ser que incluso ahora debamos seguir construyendo nuestra filosofía del conocimiento sobre la tesis de Sócrates de nuestra falta de conocimiento?

La objeción es correcta, pero únicamente después de haberla modificado radicalmente mediante cuatro comentarios muy importantes: Primero, la idea de que la ciencia sabe mucho es correcta, pero la palabra conocimiento se usa aquí, al parecer inconscientemente en un sentido que es completamente distinto del significado que se le da a la palabra conocimiento cuando se usa, con énfasis, en el lenguaje diario. Sin embargo, el conocimiento científico simplemente no es un conocimiento cierto. Está siempre abierto a revisión. Consiste en conjeturas comprobables -el mejor de los casos-, conjeturas que han sido objeto de las más duras pruebas, conjeturas inciertas.

Es conocimiento hipotético, conocimiento conjetural. Este es mi primer comentario, y por sí mismo es una amplia defensa de la aplicación a la ciencia moderna de las ideas de Sócrates: el científico debe tener en cuenta, como Sócrates, que él o ella no sabe, simplemente supone. Mi segundo comentario sobre la observación de que nosotros sabemos tanto hoy en día es éste: con casi cada nuevo logro científico, con cada solución hipotética de un problema científico, el número de problemas no resueltos aumenta; y asimismo aumenta el grado de su dificultad; de hecho, ambos aumentan a una velocidad superior a la que lo hacen las soluciones! Y sería correcto decir que mientras nuestra ignorancia, nuestra creciente ignorancia es infinita. Mi tercer comentario es éste: cuando decimos que hoy sabemos más que lo que sabía Sócrates en su época, que nuestro conocimiento conjetural es mayor, esto es probablemente incorrecto en tanto que nosotros interpretamos el saber en un sentido subjetivo. Probablemente, ninguno de nosotros sabe más, en cuanto a almacenar mayor información en nuestra memoria; más bien, somos conscientes de que hoy en día se sabe muchísimo más y acerca de muchísimas más cosas diferentes que en los tiempos de Sócrates.

Tenemos aquí una cuarta razón para decir que Sócrates estaba en lo cierto, incluso hoy. Porque este anticuado conocimiento personal consiste en teorías que se han demostrado son falsas. Por ello, tenemos cuatro razones que nos demuestran que incluso hoy, la idea de Sócrates "Sólo sé que no sé nada", es una idea de palpitante actualidad, pienso que aún más que en tiempos de Sócrates. Y tenemos razones, en defensa de la tolerancia, para deducir de la idea de Sócrates aquellas consecuencias éticas que fueron deducidas, en sus tiempos, por el propio Sócrates, por Erasmo, por Montaigne, Voltaire, Kant y Lessing. Y debemos incluso deducir algunas otras consecuencias. Los principios que son el fundamento de cada diálogo racional, es decir, cada discusión encaminada a la búsqueda de la verdad son, de hecho, principios éticos. Me gustaría expresar tres de esos principios éticos.

(a) El principio de la falibilidad: Quizá yo esté equivocado y quizá usted tenga razón, pero desde luego, ambos podemos estar equivocados.
(b) El principio del diálogo racional: Queremos de modo crítico -pero por supuesto, sin ningún tipo de crítica personal- poner a prueba nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas (criticables) teorías. Esta postura crítica pone a prueba nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas (criticables) teorías. Esta actitud crítica a la que estamos obligados a asumir es parte de nuestra responsabilidad intelectual.
(c) El principio de acercamiento a la verdad con la ayuda del debate. Podemos casi siempre acercarnos a la verdad, con la ayuda de tales discusiones críticas impersonales (y objetivas), y de este modo podemos casi siempre mejorar nuestro entendimiento; incluso en aquellos casos en los que no llegamos a un acuerdo.

Es extraordinario que esos tres principios sean epistemológicos y, al mismo tiempo sean también principios éticos. Porque implican, entre otras cosas, tolerancia: si yo puedo aprender de usted, y si yo quiero aprender en el interés por la búsqueda de la verdad, no sólo debo tolerarle como persona, sino que debo reconocerle potencialmente como a un igual. El principio ético que nos guíe deberá ser nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad y la noción de una vía para llegar a la verdad y un acercamiento a ella. Sobre todo, deberíamos entender que nunca podremos estar seguros de haber llegado a la verdad; que tenemos que seguir haciendo críticas, autocríticas, de lo que creemos haber encontrado y, por consiguiente tenemos que seguir poniéndolo a prueba con espíritu crítico; que tenemos que esforzarnos mucho en la crítica y que nunca deberíamos llegar a ser complacientes y dogmáticos. Y también debemos vigilar constantemente nuestra integridad intelectual, que junto con el conocimiento de nuestra falibilidad nos llevará a una actitud de autocrítica y de tolerancia.

Por otra parte, también es de gran importancia darnos cuenta que siempre podemos aprender cosas nuevas, incluso en el campo de la ética. Me gustaría demostrar lo anterior por vía de un examen de la ética de los profesionales, la ética de los intelectuales, la ética de los científicos, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, directores, y, muy importante, de los periodistas y de la gente influyente del mundo de la televisión; también de los funcionarios, y sobre todo, de los políticos. Me gustaría proponerles algunos principios de una nueva ética profesional, principios que están estrechamente relacionados con las ideas éticas de tolerancia y de honestidad intelectual. Con este fin voy a describir primero la antigua ética profesional y, quizá, caricaturizarla un poco, para luego compararla y contrastarla con la nueva ética profesional que deseo proponer aquí.

Hay que reconocer que la antigua ética profesional se basó, como también se basa la nueva, en los conceptos de verdad, de racionalidad y de responsabilidad intelectual. Con la diferencia de que la antigua ética se basó en el concepto de conocimiento personal y en la idea de que es posible llegar al conocimiento cierto, o al menos acercarse lo más posible. Por esta razón, el concepto de autoridad personal desempeñó un papel importante en la antigua ética profesional. En contraste, la nueva ética se basa en el concepto de conocimiento objetivo, y de conocimiento incierto. Esto exige un cambio radical en nuestra manera de pensar. Lo que tiene que cambiar es el papel desempeñado por los conceptos de verdad, racionalidad, honestidad intelectual y responsabilidad intelectual.

Mi sugerencia es que la nueva ética profesional que propongo aquí se base en los doce principios siguientes, con los cuales termino mi discurso:

- Nuestro conocimiento objetivo conjetural continúa superando con diferencia lo que el individuo puede abarcar. Por consiguiente: no hay autoridades. Esta importante conclusión también se puede aplicar a materias especializadas y a campos específicos de investigación.

- Es imposible evitar todos los errores, e incluso todos aquellos que, en sí mismos, son evitables. Todos los científicos cometen equivocaciones continuamente. Hay que revisar la antigua idea de que se pueden evitar los errores y que, por tanto, existe la obligación de evitarlos: la idea en sí encierra un error.

- Por supuesto, sigue siendo nuestro deber hacer todo lo posible para evitar errores. Pero precisamente para evitarlos debemos ser conscientes, sobre todo, de la dificultad que esto encierra y del hecho de que nadie logra evitarlos.

- Los errores pueden estar ocultos al conocimiento de todos incluso en nuestras teorías mejor comprobadas; así, la tarea específica del científico es buscar tales errores. Descubrir que una teoría bien contrastada, o que una técnica usual práctica son erróneas, podría ser un descubrimiento de máxima importancia.

- Por lo tanto, tenemos que cambiar nuestra actitud hacia nuestros errores. Es aquí donde hay que empezar nuestra reforma práctica de la ética. Porque la actitud de la antigua ética profesional nos obliga a tapar nuestros errores, a mantenerlos secretos y a olvidarnos de ellos tan pronto como sea posible.

- El nuevo principio básico es que para evitar equivocarnos, debemos aprender de nuestros propios errores. Intentar ocultar la existencia de errores es el pecado más grande que existe.

- Tenemos que estar continuamente al acecho para detectar errores, especialmente los propios, con la esperanza de ser los primeros en hacerlo. Una vez detectados, debemos estar seguros de recordarlos, examinarlos desde todos los puntos de vista para descubrir por qué se cometió el error.

- Es parte de nuestra tarea el tener y ejercer una actitud autocrítica, franca y honesta hacia nosotros mismos.

- Puesto que debemos aprender de nuestros errores, asimismo debemos aprender a aceptarlos incluso con gratitud, cuando nos los señalan los demás. Y cuando llamamos la atención a otros sobre sus errores deberíamos siempre tener en cuenta que los científicos más grandes los han cometido.

- Tenemos que tener claro en nuestra propia mente que necesitamos a los demás para descubrir y corregir nuestros errores (de la misma manera en que los demás nos necesitan a nosotros) y, sobre todo, necesitamos a gente que se haya educado con diferentes ideas en un mundo cultural distinto. Así se logra tolerancia.

- Debemos aprender que la autocrítica es la mejor crítica, pero que la crítica de los demás es una necesidad. Tiene casi la misma importancia que la autocrítica.

1
La crítica racional y no personal (u objetiva) debería ser siempre específica: hay que alegar razones específicas cuando una afirmación específica, o una hipótesis específica, o un argumento específico nos parece falso o no válido. Hay que guiarse por la idea de acercamiento a la verdad objetiva. En este sentido, la crítica tiene que ser impersonal, pero debería ser a la vez benévola.

6 de junio de 2007

Retroanticipación

A manera de diálogo quiero dejar un recado para mi propio yo que seguro leerá esto dentro de muchos años. A veces uno quiere recordar como se siente un acontecimiento cuando se repite varias veces, aunque sería mejor decir que uno quiere que un acontecimiento en particular, se repita para volver a sentir lo mismo de ese momento.
 
¡Qué lata! Tengo las ideas tan claras cuando estoy en la calle, cuando no cavilo aún en acercarme aquí y escribir lo que estoy pensando, que cuando finalmente estoy aquí... Y si un entusiasmo se difumina tan velozmente, entonces ¿cómo poder retener una emoción que se diluye con el pasar de los años? Necesidad de mímesis.

Últimamente mi perspectiva más pesimista tomando en cuenta algunas peripecias de mi vida, algunas eventos se unen o conectan con otros en un contexto deliberadamente opuesto. Por ejemplo, hoy veía una película mexicana con Ignacio López Tarso y Elsa Aguirre, donde sus personajes eran artistas. Entonces López Tarso mostró una escultura de Apolo, en su forma de Febo, un hombre en apariencia mediocre pero que es verdaderamente extraordinario. Como la respuesta de Marcel Proust a la pregunta:

"¿Sus heroínas favoritas en la vida real?
Una mujer genial que lleve la existencia de una mujer corriente."

Ahora bien, eso me lleva a toda una gama de preguntas abiertas a mí mismo. ¿Cómo alcanzar un estado de vida extraordinario? Para entrever una respuesta a esta pregunta, hago la conexión con otro tema que también me causa una constante búsqueda de diáologo: ¿Qué es el pecado? Si hiciera esta pregunta a los psicólogos responderían que tal cosa no existe, pero si le hiciera la misma pregunta un filósofo me diría que se relaciona de alguna manera con los antivalores, sin alcanzar planos metafísicos seguramente.

Busqué entonces una definición del pecado desde una perspectiva religiosa, pero no una visión tradicional que se ofrece a los parroquianos.

Para la Teología de la Liberación el origen del pecado tiene dos posibles teorías. Una basada en Génesis 3 y la otra basada en Génesis 4. Según Gustavo Gutiérrez, el hombre desde allí comenzó a vivir una vida cargada de ansiedad porque enfrentaba una existencia sin significado y sin confianza. Quedó alienado por ambición y por desamor al prójimo, y perdió su autonomía como criatura. Dice textualmente: El pecado en tanto que ruptura con Dios es una realidad histórica, es quiebra de la comunión de los hombres entre ellos, es repliegue del hombre sobre sí mismo. Repliegue que se manifiesta en una multifacética posición de ruptura con los demás.

El hombre peca: por propio egoísmo. El hombre en razón de su amor propio es autorresponsable. No puede atribuir su adversidad a su destino, sino a su codicia. La codicia se expresa por su deseo de adquirir poder por encima de sus hermanos.

Según la teoría de Génesis 4 la relación de Abel con Dios creó celos en Caín. Por lo tanto el origen del pecado es el rechazo absoluto a quien está más cerca. El origen del pecado no está en el acto adánico contra Dios, sino en el acto caínico contra Abel. No es el rechazo directo a Dios, sino el rechazo directo al prójimo. Es el hombre contra el hombre. Por ende, no se puede interpretar que la ruptura relacional entre los hombres sea un defecto de la creación. El hombre no fue creado asesino, sino que sus injusticias propias crean su propia responsabilidad.

Según esta teoría, no fue la desconfianza hacia Dios, sino el rechazo hacia el prójimo lo que originó el pecado, y se obtuvo como resultante la deshumanización.1

Esta definición de pecado me recordó irremediablemente a Friedrich Hölderlin, que vimos en clase de Poética y su Sobre el modo de proceder del espíritu poético:

El solitario, aspira a tres cosas:

1. A la pura mismidad: egolatría.
2. Aspira a la distinción: no hay comunicación, yo frente a los otros y los otros frente a mí.
3. Aspira a la armonía: estamos armónicamente contrapuestos.

De este modo, Hölderlin propone que debemos alcanzar la tercera aspiración, ya que esa nos proporcionará un entendimiento verdadero con el otro.
 
¡Pero he perdido mucho el hilo! Sólo quería dejarme una nota sobre el proceder de mi incidencia amorosa. Asimismo, no sólo la incidencia y reincidencia, también la ausencia y la educación. La pasión condiciona, educa, moldea, programa, asienta sus virtudes y vicios en tramos del alma.

16 de mayo de 2007

La psicomagia

Hoy (bueno, ayer) por la tarde hablaba con Vero Des en el messenger sobre lo simple que a veces nos ponemos cuando platicamos, de un modo muy divertido. Entonces, en el trancurso del día recordé nombres por intervalos de personas con las que charlo tan a gusto que podría hablar horas y horas sin aburrirme. Muchas de esas personas ya no están en mi vida, por diversos factores. El trabajo, los diferentes rumbos que tomamos o el descuido en la relación afectiva. No regamos la plantita. No obstante, intento aproximarme con la gente que tiene una interacción divergente a la mía.

Pensé en un término como psicología de la interacción humana. ¿Cuál es la naturaleza de nuestros encuentros con la gente? ¿Por qué reaccionamos de una tal manera? Una respuesta que podría ser lógica es nuestro estado emocional inmediato. Si una persona está estresada lo va a demostrar o si tiene mucha energía ese día, la demostrará de igual manera. O, si sabe ocultar sus verdaderas emociones puede ser discreta y demostrar lo contrario a lo que siente.

Pero, ¿que pasaría si tenemos programada la manera en que vamos a reaccionar ante las acciones que se nos presentan en el mundo antes de que sucedan? Incluso antes de conocer alguien nuevo, de comer, de ver una película, de saludar en la calle, de escuchar una canción, de visitar a un familiar, de mirar al cielo, de dar limosna, de ponernos la ropa, de visitar el campo, de recibir un regalo, de preparar un cumpleaños, de enamorarse, de conseguir un orgasmo, de pensar y de actuar? Y los más espantoso sería saber que esa reacción mental, la programamos nosotros mismos consciente o inconscientemente. ¿Por qué?

Todo este diálogo surgió en mí por la charla que tuve con Vero, además por las personas que recordé y tengo mucho tiempo sin ver. Pensé enviarles un email o hablarles sin la mayor intención que saber cómo están. ¿Qué es lo que interfiere para que las cosas simplemente marchen de maravilla? Al ver hoy por youtube a Alejandro Jodoroswky, me di una idea de esto desde el punto de vista de la psicomagia. ¿Que qué es la psicomagia?

Acuñada por Jodorowsky, su finalidad es sanar los bloqueos materiales-corporales, sexuales, emocionales e intelectuales que nos impiden realizar nuestro destino en la vida.

La psicomagia se basa en las siguientes premisas fundamentales:


- Fracasar no existe, en cada fracaso, cambiamos de camino.
- Para llegar a lo que eres, debes de ir por donde no eres.
- Llegar a ser lo que uno es, es la más grande felicidad.
En toda enfermedad hay:
 
- Una prohibición: Te prohiben ser lo que eres.
- Una falta de consciencia: Cuando no te das cuenta de lo que eres.
- Una falta de belleza, cuando pierdes la belleza enfermas.

Lo gacho de esta entrada es que la estoy reescribiendo porque cerré la página accidentalmente... Bueno, decía, en cada encuentro con la vida, hay una nueva manera de ver las cosas de manera constructiva. Por ahora sólo puedo recomendar que vean esta serie de videos del director de cine, escritor y experto en manga, Alejandro Jodoroswky que está en YouTube.

8 de abril de 2007

Se solicita equidad, ambos sexos

por Augusto Chacón.

El viernes anterior, en la sección Correo, el lector Pablo Gómez Martínez tocó el tema de la equidad de género en la distribución de espacio entre articulistas y columnistas del periódico.

8-Abril-07

Entre los opinadores de Público, señaló el lector Pablo, “menos de diez por ciento son mujeres”, al menos así fue durante la semana en la que él revisó el diario. Termina su carta diciendo: “La equidad en un espacio informativo es fundamental para el desarrollo saludable de una democracia participativa y aún más para un medio de comunicación que procura ser una ?publicación libre, liberal, crítica, dura y ligera a la vez’, como dijo Ciro Gómez Leyva en su columna del jueves 5 de abril.”

Sin duda la consideración del lector no es despreciable, pone en vilo muchas cosas: cómo es que la opinión de los hombres sigue siendo más numerosa; cómo es que concebimos a la sociedad si sólo los hombres, mayoritariamente, aparecen como los que tienen algo que decir. Pero además, el conteo hecho por Pablo Gómez Martínez, unido al tema del aborto que ha estado las últimas semanas agotando la tinta de de tantos escribientes, nos hace caer en cuenta de cómo se van conformando ciertas tendencias de la opinión pública y cómo es que se concibe un espacio de opinión personal en un medio de comunicación: a pesar de que Público ha estado abierto a todas las opiniones, queda la sensación de que falta algo en el modo de enfrentar el asunto, queda la impresión de que alguien no ha dicho su palabra al respecto, un decir femenino que no se resolverá mediante cuotas de género.

Y los anterior, me parece, tiene que ver con dos cosas: una es cierta incomodidad que queda luego de que algo tan escabroso y polarizante como el aborto es tratado por los mismos como si la tortilla, la obra pública o la presentación de un libro, cada uno habla desde su enfoque, claro, pero de una manera tal que dejan el sabor de que lo importante es comentar el tema que “está centralmente en los medios”, nada más; y la otra es que quizá esa voz de un alguien que hoy es un vacío, nos esté diciendo mucho desde el silencio, sólo que no queremos oírlo: la despenalización del aborto es tan delicada que debemos respetar ese no decir nada que flota en el ambiente de la opinión pública tradicional, esa que vacía llenando; quizá, llegados a este punto, callar sea lo único que abarque a todas las mujeres, y de una en una. Que la ley se haga atendiendo al estado general de la salud pública, no como una bandera para armar ejércitos… de hombres. Por supuesto, es fácil decirlo, ponerlo en práctica es arduo: ¿se imaginan a los asambleístas del Distrito Federal pasando una modificación a la ley que tiene que ver con el aborto en medio del respetuoso silencio de los opinadores? Imposible. Tal vez sería más sencillo apelar a que cada uno dijera: no es mi tema, no sé, o no es mi voz la que está para tomar postura pública en este asunto.

Suponiendo que por obra de artes mágicas pudiéramos dejar hoy, en Público, la equidad de género en un balance ideal: cincuenta por ciento más una para las mujeres (ellas son más en el mundo), y la otra mitad, menos uno, para los hombres, ¿el periódico se percibiría diferente? No mucho. Porque al final, columnistas y articulistas tienen un papel muy claro: dar su postura personal, ninguno de los que actualmente firman puede hablar a nombre mas que de sí mismos, no pueden afirmar que hablan por el periódico, tampoco son la voz de los hombres, o la de las mujeres. Es sólo el dicho de uno o una que los demás consideramos, si queremos, y hacemos nuestro, si queremos. Así, puestos en el balance ideal entre columnistas y articulistas, ¿si no viéramos las firmas, podríamos identificar la pluma de una mujer de la de un hombre?

Sin embargo, no sólo por la cantidad de espacio de opinión podemos medir el tema equidad de género, entendida como el número de posiciones que llenan los hombres contra las que ocupan las mujeres. El directorio que todos los días podemos leer en el centro de la sección Acentos, el que corresponde a Público-Milenio, tiene 22 lugares, de Presidente a Producción, seis de ellos pertenecen a mujeres, una de ellas a nivel de dirección; es decir: un poco más de una cuarta parte.

Pero, del otro lado de únicamente contar posiciones está el meollo del asunto: ¿el medio privilegia una visión masculina de la sociedad? Si contamos a las reporteras y a los reporteros que cubren desde Guadalajara —sin incluir a La Afición—, ellas ganan casi en proporción de dos a uno. Pero además, contrario a lo que sucede con los artículos y las columnas, me atrevo a decir que en cada entrevista, crónica, reportaje y nota es más fácil diferenciar la voz de los hombres de la de las mujeres, por lo que el tono general del periódico es de espectro amplio, ni siquiera en política podríamos afirmar que se impone una visión estrictamente varonil; sin duda la escritura de las mujeres periodistas de Público le da un color especial a las páginas del periódico, aun a la política local.

Si la escritura periodística deja evidentes huellas femeninas o masculinas, es complejo de medir, en todo caso tendríamos que evaluarlo desde cambios notorios en la sociedad, aunque muy difíciles de conseguir: igualdad de trato, de ingresos, de prestaciones, de espacio, etc., por lo que postular equidad de género es una señal que apunta al camino correcto e implica un compromiso del periódico con cierta noción de justicia: en tanto el mundo siga siendo inequitativo con las mujeres, perdón: mientras sigamos tratando de manera diferenciada, a la baja, a las mujeres, es necesario actuar mediante el expediente de cuotas.

Por lo demás, una vez que las mujeres no sean discriminadas, el paraíso espera en la calidad de los textos, en la ética, en la cultura que cada periodista pone en juego a la hora de enfrentar la realidad que quiere narrar y transformar… y, cosas del español: calidad, ética y cultura, son palabras en femenino.

Fuente: Periódico Público, domingo 8 de abril de 2007.

7 de marzo de 2007

Rito y rutina

He descubierto un cuento de Guy de Maupassant, titulado como la entrada de este post, que tiene por protagonista a un Pablo. Hay muchos Pablos dentro de la Literatura. Algunos con una clara referencia bíblica y otros por complicado azar.

Por otro lado, hay un cuento de Azorín que me recordó en demasía al célebre Continuidad de los parques de Julio Cortázar. Se llama El inquisidor. Lo he buscado por Internet pero no lo encuentro, sólo lo tengo fotocopiado en hojas antes blancas. Por cierto, esas copias las obtuve en Oviedo, en clase de Introducción a la literatura española del s. XX. No he visto algún estudio o mínimo ensayo que relacioné a estos dos escritores de la lengua castellana. Ya veremos.

Ahora bien, después de ese breve apartado académico, pasemos a lo que importa. Mandaré a hacer una camisa negra que diga "Jeune homme célibataire cherche" lo cuál no tendrá ningún efecto en el mundo, porque es más efectivo escribir algo como "Single and looking" o hasta un "Soltero, ¿y tú?" que es igual de ridícula. Por un lado, considero una notorio intertexto sacado de la vida real aquella frase de la película El hombre que amó a las mujeres que dice:
No sólo no quieres amar, sino que rechazas que se te ame. Crees que tú amas el amor, pero no es verdad, tú amas la idea del amor.

¿Cómo es posible que un acto tan grande, trascendental, armonioso, desgarradoramente humano, inquietantemente poderoso y sublime pueda comenzar por medio de un hola qué tal, ¿cómo te llamas? Y sin embargo hermanos, es así. O peor aún. Es lo que hace un día diferente a los demás. Como aquel que ahorra sus bienes conseguidos por medio del trabajo y esfuerzo, hasta que un buen día decide gastar un parte de lo obetenido hasta ese momento.

Rutina.(Del fr. routine, de route, ruta). 1. f. Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas.

Rito.(Del lat. ritus). 1. m. Costumbre o ceremonia. 2. m. Conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas.

Un rito tiene un significado que va más allá de lo cotidiano. La rutina es, por el contrario, mecánica. Ambas palabras poseen orígenes históricos diferentes. Sus raíces etimológicas son distintas. Para el rito hacemos nuestras preparaciones. Para la rutina no. Incluso, podría decir que el rito podría devenir en rutina, una vez que es visto sin significado. Pero lo sagrado es siempre una continua emancipación de lo latente. A veces, en formas y misterios que no comprendemos. Porque, ¿no merecen tantas y tantas manifestaciones ser celebradas?

22 de enero de 2007

Demasiado humanos

¿Te has fijado que generalmente cuando las personas terminan una conversación con la típica frase es que somos humanos, la mayoría de las veces "humanos" sólo quiere significar débiles? Porque sonaría extraño y quizá hasta disparatado escuchar decir, "ganó tal medalla olímpica porque es humana" o "se fue de viaje por una semana, es que es humano", incluso sonaría pedante escuchar algo como: "Habla más de cinco idiomas, es que es muy humano"...

Como ves la adicción humana tiende a centralizar su universo precisamente humano en el pesimismo, derrota y/o justificación de un acto considerado malo, erróneo. Quizá si no nos enfocaramos particularlarmente en esta "debilidad" de la "naturaleza" humana sería más fácil decir y escuchar cosas como: "Ganaron tal premio, ¡qué humanos son!". "Toda su vida se han amado, es enorme su humana condición", o él último ejemplo: "Vivió como humano, murió como mueren las personas de carne y hueso".

Es que, al final, todos somos humanos, demasiado humanos.

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