Categorías

amor (51) arte (7) cine (53) cuento (31) diario (139) English (15) ensayo (38) espiritualidad (4) humor (16) imagen (2) Krishnamurti (6) lenguaje (9) literatura (13) música (3) narrativa (42) pensamientos (20) poesía (117) préstamos (86) prosa poética (30) sociedad (8) sueños (3) talent campus (1) video (9)

26 de abril de 2004

Un simple diario (otra vez)

A pesar de los films (que valen poco para ti, pero un poco más para mí), de las fotos y montajes, de las actualizaciones y la música de fondo, del tag-board, de las notas y de mi perfil, del diseño y de mi correo electrónico, de los contadores y de diaryland en sí... esto es sólo un sitio de ideas... ¿debería borrar todo y dejarlo en blanco? Yo sé que aunque lo deseé, la estación de tren presente no es está, de rojo o cualquier foto .jpeg no es nada de eso si no la que veo con mis ojos de vez en cuando. Pero también sé bien que este no soy yo, ni el otro, ni mucho menos el que tienes en tu cabeza en este momento. Seré yo en ti, cuando argumentemos, cuando dialoguemos. Mientras tanto soy una imagen en tu cabeza. Y lo poético no es precisamente lo que crees que es. Y estar conciente que a veces somos nosotros mismos cuando nos leemos con los demás, en alguna línea lúcida en un espacio escrito. Porque no estamos sólos en la vida, ni tenemos verdades absolutas en nosotros mismos, las (compradas) palabras nos conforman, ante hechos comunes que compartimos con los demás. Compartir, no proyectarse en los demás. Otra vez. Duda, duda...

6 de abril de 2004

Piérdete en la metafísica de 'Ágætis byrjun'

Estoy seguro que para entender en el presente de metafísicas debimos haber escuchado a nuestros abuelos en la infancia, debimos haber ido a una primaria para conocer la Historia Universal, la Biología, las Matemáticas, el Español. Después haber asistido a una secundaria donde la Química y la Física hicieran acto de exacta presencia. O pudiste no haber ido a la escuela y por el contrario, y no menos importante, conocer la historia de cierta persona a la que le suceden cómicos pasajes, aprendido a sumar y restar en una ardua situación que redimiera los pesos, descubrir la fisonomía de una verde planta palpando. Conocer el etcétera en ambos casos.

Debimos haber tenido el deseo de poseer algo, sea etéreo o probablemente material. Haber jugado con simples y manuales clavijas u otros juegos manufacturados e importados dudosamente de algún lejano país populosamente habitado. Haber vivido particulares hazañas comunes en un sujeto colectivo, habiendo tenido tal vez no la misma reacción que la de tu prójimo. Haber escuchado algo para que en el futuro se conformará algún complejo que hasta el día de hoy no puedes descubrir en qué momento se creó. Haber creído sin comprobar.

Para notar o percibir la metafísica debes estar haciendo muchas cosas. Estar enterado de cuántos mueren y dónde y cómo. Apreciar con el tacto el seco y natural ingrediente que compone el noticiero escrito, el dogma veraz y objetivo.

Para saborear la metafísica debiste haber conocido a alguien que por naturaleza genética (no puedo usar otra palabra que no sea Naturaleza) descubriera el romance junto a ti. El color rosa y glamoroso y apasionante de la vida. Bueno, esto en caso de que vivas... iba a decir en la ciudad, pero hasta en el campo conocen los boleros y las rancheras (canciones me refiero). Sí, para entender la metafísica el amor debió haberte pegado. Aunque no distingas en que dirección caíste ni quienes fueron los asistentes ante tal atropello. Duda, duda.

Para entender la metafísica debes tener estos referentes y otros muchos más. Estas costumbres que te dicen que el tiempo corre y no se detiene. Debes olerlos al pie de un risco propenso al declive, esperando a que el viento arrecie para que lo inevitable vuelva a suceder.

La fe puesta angustiosamente en un instante poético añorando que derrumbe toda esas cosas vividas, aniquilándolas y diciéndote que de nada valen todos esos vagos registros escritos y audio-visuales. Eso que con estas ordenadas palabras no puedo decir, sino necesitaría decirlo en desorden, en caos. Ya que esto es sólo prosa.

Espero que encuentres en algún momento no acostumbrado de tu vida, tal vez en el minuto 2:10 de alguna canción sin letra/no entorpecedora eso que intento decirte y que te libera, que borra registros. En un poema, largo, corto poema anhelo que encuentres. Pero encuentres no sólo para ti, que cuando te encuentre a ti, también encuentres a los demás a mí y a él o un círculo grande de personas. Un círculo del tamaño de la Humanidad. Busca la intuición del instante.

<iframe width="420" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/QY60VAViupk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

30 de marzo de 2004

Naufragio de Pedro Serrano en el Caribe

La isla Serrana que está en el viaje de Cartagena a La Habana se llamó así por el español, llamado Pedro Serrano, cuyo navío se perdió cerca de ella y él sólo escapó nadando, que era grandísimo nadador, y llegó a aquella isla, que es despoblada, inhabitable, sin agua ni leña, ni aún yerba que poder pacer, ni otra cosa alguna con que entretener la vida. Así pasó la primera noche, llorando su desventura. Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada, halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa.

Viéndose Pedro Serrano con bastante recaudo para comer y beber, le pareció que si pudiese sacar fuego para siquiera asar la comida y hacer ahumadas cuando viese pasar algún navío, que no le faltaría nada. Con esta imaginación dio en buscar un par de guijarros que le sirviesen de pedernal, porque del cuchillo pensaba hacer eslabón, para lo cual no hallándolos en la isla, porque toda ella estaba cubierta de arena muerta, entraba en la mar nadando y se zambullía. Y tanto porfió en su trabajo que halló guijarros y sacó los que pudo; y viendo que sacaba fuego, hizo hilas de un pedazo de la camisa, muy desmenuzadas, que le sirvieron de yesca. Y para que los aguaceros no se lo apagasen hizo una choza de las mayores conchas que tenía de las tortugas que había muerto, y con grandísima vigilancia cebaba el fuego porque no se le fuese de las manos.

Dentro de dos meses, y aún antes, se vio como nació, porque con las muchas aguas, calor y humedad de la región se le pudrió la poca ropa que tenía. El sol con su gran calor le fatigaba mucho, porque ni tenía ropa con que defenderse y había sombra a que ponerse. Cuando se veía muy fatigado se entraba en el agua para cubrirse con ella. Con este cuidado vivió tres años, y en este tiempo vio pasar algunos navíos; mas aunque hacía él su ahumada, que en el mar es señal de gente perdida, los barcos no la veían, y se pasaban de largo, de lo cual Pedro Serrano quedaba tan desconsolado que tomara por partido morirse y acabar ya.

Al cabo de los tres años, una tarde, sin pensarlo, vio Pedro Serrano un hombre en su isla, que la noche antes se había perdido en los bajíos de ella y se había sustentado en una tabla del navío. Cuando se vieron ambos, no se puede certificar cuál quedó más asombrado de cuál. Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación. El huésped entendió que Serrano era el demonio en su propia figura, según lo vio cubierto de cabellera, barbas y pelaje. Cada uno huyó del otro, y Pedro Serrano fue diciendo: ¡Jesús, líbrame del demonio! Oyendo esto, se aseguró el otro, y volviendo a él le dijo: "No huyáis, hermano, de mí, que soy cristiano como vos"; y para que se certificase, dijo a voces el Credo.

Durante otros cuatro años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sin morir. Al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España. Pedro Serrano llegó acá y pasó a Alemania, donde el emperador estaba entonces; llevó su pelaje como lo traía para que fuese prueba de su naufragio y de lo que en él había pasado. Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos.

Comentarios reales, Garcilaso de la Vega "el Inca" (1539-1616).

28 de marzo de 2004

No tienes por qué unir esas palabras...

Hay adjetivos, verbos, sustantivos, adverbios, artículos, preposiciones, conjunciones, nexos, sintagmas fijos que no son compatibles entre sí. Aunque todos sean compatibles entre sí. ¡No todo es poesía!

Cuando dos palabras hacen un pacto que ante ti, ante mí y ante él puede ser deleitosamente leído y habitado, entonces nos damos cuenta de que Roman Jakobson tenía razón. Pero si algo falla aquí, no entendemos como coloquialmente se dice: ni maiz (nada).

Así que si quieres decir algo y sabes cómo decirlo, no le des vueltas al asunto. Y sí te hacen falta referentes, biografías y/o múltiples explicaciones, leer no te hace mal sino que agranda tu visión del mundo, al menos la hace más flexible y no tan cerrada.

Los gestos también hablan. Al igual que el contacto físico.

Así que no me hablen de altas mancuernas impregnadas de pescaderas teclas soñadoras, en la noche clara... o cosas así.

En medio de la guerra, el poeta no puede hablar de palomas

Cuando era niño, la poesía me parecía que era para personas ególatras o indiferentes hacia la sociedad. Que nada más escribían por placer irracional (claro que hay placer racional) y que eran sujetos inadaptados. Actualmente las cosas han cambiado... creo que en la infancia había otro tipo de poesía.

Lo que está fuera de cuadro no lo está realmente. Una cosa es ver lo que te apatece ver, escuchar lo que te conviene escuchar y girar tu cuello y cuerpo cuando no deseas ver cosas desagradables que son reales. Lo más sencillo es esperar a que alguien más resuelva las cosas que no funcionan correctamente y tú te vayas a escoger la vida (choose life).

Puede haber particularidades bajo un sistema pero hasta estas cuestiones se rigen conforme a las reglas de redes semióticas.

El poeta no tiene poderes sobrenaturales, el poeta se vale de la palabra y su imaginación para rechazar la realidad del sistema. Cuando ve que las personas de su entorno se acostumbran a la pereza espíritual y material, busca los medios (el texto) para rechazar estas situaciones.

Cuando te leo o me lees, me escuchas o te escucho y hasta cuando nos atrevemos a escucharlo a él y se produce un enlace racional de entendimiento aunque sea bajo esa techumbre áspera y espesa, se conduce al significado.
En medio de la guerra, el poeta no puede hablar de palomas.Jesús Rodríguez Gurrola.

Archivo del Blog

Todos los derechos reservados. Con tecnología de Blogger.
Scroll To Top